Encuéntrame

Victor es un niño autista de 11 años, amante del género de terror, particularmente historias macabras que encuentra en internet, suele pasar las tardes leyendo e imaginando que se encuentra en una película de horror, no tiene amigos, no va a la escuela debido a que sus padres decidieron contratar a una institutriz especializada que imparta las clases en su hogar, debido ala extrema preocupación a las burlas que recibiría en una escuela normal.

Siempre le han dicho que es “especial” lo que parece molestarle demasiado pero que por diversos motivos nunca expresa, en realidad nunca expresa nada, puede estar en la misma habitación que tú, y no notarías su presencia. Sus padres suelen adivinar o suponer lo que Victor quiere o necesita, o eso quieren aparentar, sus vidas son tan ocupadas que apenas y llegan a casa a dormir, y claro, mucho menos pasan más de 5 minutos con el chico.

La casa es grande en verdad, viven en la última calle de Kilómetro 93, la más vistosa, con una vista al bosque espectacular y aterrorizante a la vez, pero ese no es su lugar favorito, ese es el ático, donde suele ir a jugar con una caja polvorosa llena de fotografías de los sesentas y algunas cámaras fotográficas y de video que hace algún tiempo atrás pertenecieron al abuelo.

Tras una hora y media buscando a Victor para su lección de ciencias naturales, Mercedez, la institutriz, escuchó las risas del niño que venían del ático, al asomar su cabeza, lo vió sentado, explorando una de las cámaras; pudo notar que las cámaras hacían que Victor se expresara más, pensó que era un gran avance y no quiso interrumpirlo, lo que sí hizo fue llamar a los padres de Victor y contarles lo sucedido.

La siguiente noche, el padre de Victor llegó con dos cajas grandes a casa, subió a la habitación del niño, pero como él no se encontraba las dejó ahí y se fue a dormir. Víctor estaba en la estancia viendo un documental sobre personas desaparecidas, se estaba quedando dormido cuando escuchó un ruido en la misma habitación, lo cual hizo que se levantara de golpe, al parecer sólo era el control remoto que se le había resbalado. se dispuso a apagar el televisor y subir a su habitación.

Al llegar a ella, las cajas llamaron su atención, las abrió con euforia, dentro de ellas había una cámara y cds para grabar, él rápidamente tomó la cámara y la encendió, pareciera que el sueño se fue de repente, Victor estaba más despierto que nunca, pretendió que se encontraba en uno de los documentales y paseó toda la noche por la casa, grabando cada habitación.

Había alguien sentado en ese sillón, frente a la cama de Mercedez, alguien que Victor no conocía, el ser extraño tenía una sonrisa aterradora y ponía el dedo en su boca en señal de silencio, el ente se paró del asiento y caminó en dirección a Victor, pero éste cerró la puerta de la habitación. todo quedó en silencio, no pasaron ni 2 minutos cuando el niño abrió la habitación de nuevo, pero el ser ya no estaba. Victor corrió a su habitación y se metió entre sus sábanas, prendió la lámpara de la cámara y trató de ver lo que había filmado, pero se cortaba, en ese momento, escuchó una risa chillante que venía de adentro de su habitación y gritó fuertemente, mientras pateaba las sábanas.

Su padre llegó en segundos y trató de calmarlo, pero Victor tenía un ataque de pánico, después de un intento fallido de entenderle, sólo esperó a que se durmiera, dejó las luces prendidas y se marchó.

maxresdefault

 

Hasta el cielo

tona

Soy enfermera, por más que lo pienso no me imagino en otra profesión, encuentro en lo que hago una gran satisfacción en ayudar a las personas a cargar con su proceso de enfermedad, ya sea para su pronta recuperación o para una muerte digna; es en el último punto en el que quiero hacer énfasis esta mañana, durante los años que pasé haciendo mis prácticas en el Hospital, jamás me tocó vivir de cerca la muerte de alguno de mis pacientes, lo cual puede ser bueno, pero el no vivir una experiencia así deja pendiente una lección más del saber ser, la muerte es algo natural, desde que nacemos estamos destinados a ella, pero es algo a lo que nunca podrías acostumbrarte, he acompañado a los familiares de personas en agonía, es imposible no sentir tu corazón destrozarse ante la persona que está perdiendo sus padres, hijos, hermanos, escuchar esos llantos desgarradores cuando les comunican que están graves, pero nunca he presenciado su pérdida.

Ésta última semana me tocó vivir la experiencia de cuidar a mi tía enferma, ahora veo la situación desde el otro lado, como familiar. Vivimos toda esa agonía junto con ella, le dimos todo nuestro amor día con día y noche tras noche, ¡Esa mujer sí que tenía ganas de vivir!, siempre luchó contra sus múltiples enfermedades, hasta el último día, yo le estoy eternamente agradecida por ser siempre tan linda con todos, en especial por ser la acompañante fiel de La Dora, como ella le decía. Definitivamente la vamos a extrañar, un abrazo hasta el cielo!

D.E. P. María Antonia Díaz López

¿Desde cuándo el ser humano se convirtió en una máquina?

Haciendo hincapié en el título de esta nota, ¿Desde cuándo el ser humano se convirtió en una máquina?, ¿Cómo es posible que seamos tan fríos al no sentir compasión por el prójimo cuando se encuentra en una situación desfavorable?.

Sé que no todos somos así, pero me preocupa pensar que gran parte sí lo es, vivimos preocupados por nosotros mismos, cubiertos de orgullo, vanidad y violencia, seres humanos egoístas, incapaces de privarnos de ciertos lujos o placeres con tal de ayudar a quien realmente lo necesita para sobrevivir.

Me parece sumamente peligroso el acostumbrarnos al dolor y sufrimiento ajeno, al no hacer nada sabiendo que tenemos la solución en nuestras manos.

Tengamos la iniciativa para hacer de este mundo un verdadero sitio de convivencia y paz, empezando por cosas sencillas como dando de comer a quien menos tiene, o a ese señor que pasa por tu calle cada día descalzo, con la ropa deshilada y rota, ofrecer un vaso de agua al sediento, visitar a ese amigo o conocido enfermo, que hace mucho no vemos, en fin, son muchísimas las cosas que podemos aportar para ir creando una sociedad amiga del ser humano, siendo incluyentes, no excluyentes.

Escribiendo este post, me topé con un artículo que hablaba de la reciente canonización de la Madre Teresa de Calcuta, para ser sincera, me parece estupendo que existan personas así, con ese espíritu de servicio, de dar todo por evitar el sufrimiento de los demás, hacer el bien sin discriminar razas, creencias, estatus económico. Estoy de acuerdo en que fue una guerrera que hizo ruido en los corazones de muchos creyentes y no creyentes, motivándolos a realizar acciones provechosas para la humanidad. Por eso y más, ¡Gracias!

¿Cómo te despides de alguien que aún no parte?

Demi-Lovato-Great-Grandma-Dead-400x400

Es difícil aceptar que una persona está a punto de salir de nuestras vidas, terrenalmente hablando, y sí, ya sé lo que van a decir, no se aparta de ti si no quieres, puede estar en tu pensamiento, en tu corazón, en toda parte que desees; pero sabemos que la cosa no es la misma, a veces necesitamos la presencia.

Y es cuando empiezan los “ojalá”, “me hubiera gustado”, “si tan sólo tuviera más tiempo”, es duro, pero cierto el saber que siempre pensamos en lo seguro, que siempre tendremos a esa persona, que “no pasa nada”, pero abrimos los ojos y tenemos una realidad distinta, nadie tiene la vida asegurada, las cosas suceden en un instante.

En esos momentos, aferrarte a algo no es tan malo como pensabas; eso ocurre con un ser querido quién carga con una enfermedad que le ha costado la vida misma, y por esto me refiero a privarse de algunas cosas, como saborear una rica tarde de domingo con la familia y amigos más cercanos en el jardín, dejar de comer sus comidas favoritas por cuestiones de salud, entre otras.

Poder ver en su mirada lo mal que se siente al tener que depender de los demás para ir al baño, comer, bañarse, sentarse; Y no es que lo hagamos de mala gana, es que ella no lo hubiera querido así, a veces pienso que se siente un cargo más, a estas alturas su depresión es comprensible, por eso ya casi no platica, apenas y le escuchas un sí, estoy bien, o un amanecí más o menos, sabes que esa persona es fuerte, apuesto que no te imaginarías una sola noche en su lugar.

Pero a pesar de todo, ¡Cómo la he disfrutado!, soy agradecida de los pequeños momentos que hemos tenido juntas, desde ser mi confidente al comerse la cena por mí antes de que mi mamá me regañara, dejarme pintarle las uñas y peinarla, hasta ver sus novelas favoritas y compartir el gusto por las rancheras de El Chente.  Estoy segura que son momentos que atesoraré toda mi vida.

Debemos disfrutar con esa persona aprovechando que aún está,  realizar todo lo que esté a tus posibilidades, no forzar lo que no será y no sentirte culpable por lo que no fue.